creo & adelgazo

De acuerdo con el diccionario, vida es “la fuerza interna que hace obrar a un ser que la tiene”. Esa fuerza puede estar orientada de manera positiva o negativa.

Desde la concepción de que estamos siguiendo un camino, en sus inicios éste es guiado por nuestros padres y/o allegados, y luego, por nuestros maestros. Cuando tenemos raciocinio, todos nuestros actos vienen desde esa fuerza interior que nos lleva a equivocarnos o no.

Aprendemos a caminar, a hablar, a ser educados o no. Heredamos cosas buenas y malas de nuestros progenitores, de nuestros antepasados y… ¿cómo podemos hacer para que esas cosas malas no entorpezcan nuestra marcha?

La vida es un conjunto de aprendizajes. No estamos en este mundo porque sí. Tenemos una misión que cumplir y muchos no saben cuál es.

Si te tomas un tiempo para examinar tu vida, para poder detectar todo lo que te obstaculiza, lo que te quita la paz interior, y no lo puedes hacer, consideras que está muy escondido, que tal vez necesites terapia psicológica, o te escudas en que no te impide seguir caminando, que en algún momento lo vas a poder detectar, es allí donde me permito sugerirte que conozcas a Dios. Si consideras que este mundo se hizo solo o que Él no está para resolver problemas internos, te invito a que puedas descubrir su participación si lo eliges para que forme parte de tus actos.

Pueden existir muchas dudas respecto de la existencia o no de Dios. No te quedes así. Trata de buscar un horizonte en el cual puedas saber lo positivo que sería para ti vencer barreras y, a través de ello, comprobar que Dios no es un ser ausente, que Él podría estar muy cerca de ti si lo llamas y confías en Él.

Sólo mi corazón me indica, a través de mi fe, lo que avancé en mi vida, mi transformación como persona, mi afianzamiento en mi creencia, mi relación personal con el Altísimo a través de la oración. Es así que puedo transmitir mi experiencia personal y manifestar que Dios existe, que Él quiere obrar en nuestras vidas, pero si le abrimos el corazón.

Te preguntarás por qué te hablo de Dios si este es un libro que te brinda herramientas para que puedas adelgazar y lograr mantener tu peso saludable en el tiempo. Porque a través del conocimiento de su poder, de su manera de obrar en las vidas de los seres humanos cuando autorizamos su intervención es que podemos lograr nuestros más anhelados propósitos, aun aquellos que nos parecen inalcanzables.

Dios quiere que seas feliz, que cuides tu vida. ¿Acaso consideras que el exceso de peso no afecta tu estado de ánimo?, ¿que no hace que te sientas excluido de las personas respecto de la realización de numerosas tareas que te interesaría hacer y por vergüenza no efectúas, maquinando que serías visto como el hazmerreír?

Si te interesa sumergirte en el conocimiento de Dios, podrás ir comprobando que Él no es un ser ajeno a lo que te pueda llegar a suceder. Él puede estar muy cerca, ayudándote en lo que necesites modificar en beneficio de tu salud, en lo que tengas alojado en tu corazón. En este caso, el adelgazar para ti implicaría mejorar notablemente todas las áreas de tu existencia. Él te da la posibilidad de elegir lo que consideres.

Ser creyente muchas veces se confunde con el mandato de Dios hacia nosotros; piensan que Él quiere que seamos sus títeres.

Se suele escuchar: “Claro… tú eres creyente y todo lo dejas en sus manos…”. Esa frase se expresa como si el tener fe fuese algo mágico: “Pido y ya está”.

Este es un concepto equivocado. Dios está constantemente deseando que alcancemos nuestros más anhelados propósitos. No obstante, quiere que exista un trabajo previo. No aprueba lo fácil.

Como creyente, transito por un camino en el cual, a pesar de los inconvenientes que pudieran llegar a presentarse, compruebo que Dios es mi guía en los momentos en los que agudizo mi escucha hacia su voluntad.

Pude entender que las cosas se dan en la medida que exista un esfuerzo personal, un trabajo para lograr lo que uno se proponga alcanzar, y que Él me concederá lo que deseo si mi pedido es efectuado desde el convencimiento de que Él me brindará todos los medios para adquirir lo que aspiro, y si confío, además, en mi capacidad, sabiendo que mi pedido no será realizado mágicamente, sino que dependerá mucho de mi apertura hacia Él, en tanto tenga esperanzas en alcanzarlo y paciencia para respetar sus tiempos, ya que si manifiesto que creo en su palabra, tengo que aceptar su voluntad, a pesar de que muchas veces podría llegar a ser que mi deseo no fuese apropiado o que tal vez no sea el tiempo de alcanzarlo y entienda que si no lo logré, llegará algo mejor de lo que esperaba.

Por otra parte, Dios es Padre, pero no paternalista. Nos dio una mente para que la utilicemos y, del mismo modo, nos brindó desde el momento en que fuimos concebidos un corazón para poder apreciar lo que nos hace bien para nuestro espíritu.

Dios quiere ayudarte, pero necesita tu aprobación para ello.

Sin embargo, si consideras que puedes solo, te propongo que explores: ¿cuántos tratamientos intentaste y con cuántos alcanzaste resultados duraderos?

La ruta para el conocimiento de Dios es sorprendente. Si uno está predispuesto a ver su divinidad y confía en su obra maravillosa, puede apreciar que no hay problemas ni situaciones que no tengan soluciones.

Te invito a transitarla y a que descubras las maravillas que Dios puede hacer contigo si lo dejas intervenir.

¿Eres católico, protestante, judío, de otra religión o no sigues ninguna doctrina? Si dices tenerla, ¿te la impusieron tus padres?, ¿no fue por decisión propia? ¿No sientes que Dios está a la puerta de tu ser, esperando que se la abras con confianza para que pueda darte su amor?

¿Quisieras probar a Dios? Te propongo que lo tomes como si fuera un juego en el cual existen dos participantes, por un lado, tú, en estado expectante, y por el otro lado, Dios, esperando que te decidas a elegirlo como tu amigo fiel y deseoso de tu bien.

¿Cómo puedes hacer para que Dios entre en tu vida, la transforme y sientas paz interior?

Los niños, para crecer, necesitan de los alimentos que les brindan quienes los crían. Para formarse, necesitan aprender de ellos, como así también de sus maestros. Solos no pueden.

A Dios lo puedes conocer a través de una comunidad. No basta con saber que existe. No te hablo de religiones, sino de un camino de conocimiento de Dios.

La Biblia nos dice, en Juan 17, 21 (17 sería el capítulo; el versículo sería el 21): “Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”.

Siguiendo con la definición del diccionario, vida es “la unión del alma y el cuerpo”.

Si llevamos esto a la creencia en Dios, significa que el alma no se puede separar del cuerpo, y si tenemos dolencias en él, podríamos recurrir a la ciencia, pero si tenemos afligida el alma, ¿a quién podríamos recurrir?, ¿a un psicólogo?, ¿a un amigo? ¿Quién verdaderamente podría sanar nuestras heridas más internas?

No dejo de admitir que los profesionales somos instrumentos esenciales para la salud.

Aun así, Dios puede obrar en esa área con su divinidad, ya que es quien te conoce más que tú mismo.

Muchas veces nos encontramos con testimonios de gente que dice ser católica o evangélica, y que está lejos de lo que Dios nos pide.

Si quieres ver la obra maravillosa de Dios, no te fijes en las palabras de los seres humanos, sino en sus comportamientos, en los testimonios de vida.

Una persona que cree verdaderamente y sigue el camino de Dios no es fanática de una religión, sino que dará evidencia de la presencia de Dios en su vida; esto lo podrás comprobar a través de los hechos que confirmen sus palabras.

¿Cuál sería la vida que Dios quisiera para ti? Aquella que te permitiera ser feliz, en la que pudieras caminar por decisión propia hacia Él.

¿Se puede ser siempre feliz cuando se es creyente? Evidentemente, no. En la vida existen situaciones buenas y malas. No obstante, si caminamos con Dios, los obstáculos son menos duros, porque cuando nos pesan las cargas, se las entregamos a Jesús con fe para que obre libremente de acuerdo con su voluntad. Y… con el tiempo podremos verificar que, a través del dolor, el creyente aprende a caminar de manera esperanzada, tranquila, sonriente aun en la desesperación, porque sabemos que vendrá un mañana mejor, iluminado por la confianza de que Dios está presente en nuestras vidas en la medida que se lo permitamos. Si no invocas a Jesús y lo haces con Dios directamente, Él también te responderá en la medida que compruebe una verdadera entrega.

¿Aún no has conocido a Dios? ¿Cómo puedes hacer para que Él comience a operar en tu vida?

En principio, considera que nadie puede crecer solo. En este sendero, eres un niño que necesita conocer en profundidad a Dios.

Para ello será necesario que busques a aquellas personas que te demuestren con hechos verdaderos que Dios obra en sus vidas.

Te propongo que hagamos una práctica juntos. ¿Cómo te sientes? Si tu estado no es desesperante y aún no crees en un Dios vivo, sería muy productivo que hagas esta práctica conmigo, ya que seguramente muchos momentos pasados no fueron buenos y las situaciones habrán sido resueltas sin la guía de Dios, sin lograr resultados favorables y… en estos momentos, probarías abrir un área de tu vida que aún no has experimentado.

Si, en cambio, te sientes desanimado, cansado, deprimido, piensas que no hay caminos posibles y estás leyendo este libro como una posibilidad, dudando del resultado… te invito a que comiences a explorar un nuevo sendero que te permitirá no sentirte solo.

Busca un lugar tranquilo donde no existan ruidos y que puedas conectarte con tu ser interior.

Te propongo que todo el texto que viene a continuación, lo grabes en un casete y que luego, en algún momento, lo escuches atentamente.

Cierra tus ojos, conéctate con tu ser… ¿Estás disconforme con lo que registras? ¿Sientes que tu vida no tiene sentido?, ¿que no puedes lograr nada de lo que te propones?, ¿que tienes mala suerte?, ¿que estás maldito?, ¿que te han hecho un trabajo para que no puedas avanzar en la vida? Y… otras tantas situaciones que en estos momentos se atravesarán por tu mente.

Por eso, Dios quiere eliminar todos esos lazos que te unen al fracaso, que te impiden lograr la mayor cantidad de momentos de felicidad.

Dile a Dios, aun sin fe, que deseas conocerlo.

Si luego de esta práctica no sentiste ninguna movilización interior, no significa que Dios no te haya escuchado, simplemente podría llegar a ser que aún no le abriste totalmente las puertas de tu vida y, por lo tanto, Él considera que no es el momento para intervenir en tu peregrinación, ya que quiere que lo elijas libremente, sin presiones ni ataduras.

Puedes sentirte identificado con muchas de las cosas que manifiesto… lee lo anterior detenidamente y, si no tienes respuestas, hazlo en otro momento… cuando sientas que estés preparado.

Continúa con los ojos cerrados. Esta oración que voy a efectuar está hecha de acuerdo con lo que Dios me enseña diariamente.

Padre que estás en los Cielos y en la Tierra, te alabo en mis seres queridos, en mi familia, en mis amigos, en aquellos que aún no te conocen y que a través de este libro puedan sentir que es tiempo de conocerte, en todo lo que me regalas diariamente en beneficio de mi propio crecimiento espiritual.

Quiero que mi oración llegue a ti, Padre misericordioso, y para ello, tú me has enseñado, a través de tu palabra, que tengo que vaciarme de lo que me pesa, de lo que me perturba, de lo que no me permite alabarte, bendecirte y pedirte todo lo que necesitaría para aumentar mi felicidad, aceptando tu voluntad.

Padre, quiero entregarte todo lo que no viene de ti: mis inseguridades, mi falta de fe en ti y en mí, aquellos momentos de tibieza; todo tipo de dificultad para que tú puedas obrar libremente en mi vida.

Sé en fe que tú nos das la libertad para elegir el camino y nosotros (muchas veces) seguimos nuestro sentir; por eso, Padre celestial, te pido que rompas todas aquellas cadenas que impiden que tu obra santa se manifieste en mi persona y en todos aquellos que amo.

Padre, tómame en estas instancias como me encuentro, libérame de todo lo negativo y, como siempre lo haces, toma mi vida y transfórmala.

Te pido que cada palabra presente en este libro esté guiada por ti, que me dotes de tu sabiduría para que pueda hacer conocer en estos escritos lo que tú desees para aquellos que los lean.

Te pido, Padre, por los lectores de este libro, para que los ayudes en cada una de las situaciones en que se encuentren, a aquellos que no hallan las soluciones a sus problemas, si están enfermos, desanimados, si no tienen confianza en sí mismos, si se sienten solos…, si siguen caminos de oscuridad.

Te pido, Padre celestial, por los que adoran imágenes, los que tienen como amuletos cintas rojas contra la mala suerte o la envidia, y no sienten que con todas esas cosas lo que consiguen es aferrarse a una ilusión y que no son verdaderas, que todo eso no viene de ti.

Te pido, mi Padre, que puedan creer en tu poder para ahuyentar toda cosa maligna que les pudiera llegar a suceder. Permíteles comprobar que si recurren a ti será en beneficio de lograr paz y armonía, y que puedan verificar con el tiempo que sólo tú rompes cadenas de envidias y malos deseos, y que a cambio entregas otras tantas cosas que a través de tu amor y fidelidad prometes a aquellos que confiamos en ti, y que no sirve de nada método alguno que no proponga tu participación como centro de la expulsión de cosas no apropiadas para tus hijos.

Purifícales todas esas áreas en las cuales no estás y llénalas de todos tus dones para que puedan encontrar todo lo que tú consideras provechoso para cada uno de los que desean conocerte.

Que puedan sentir la esperanza de solucionar situaciones difíciles si confían en ti, en tu poder, en tu divinidad.

Que puedan tener paciencia para aceptar tus tiempos, que no son los nuestros.

Que en todo tipo de situaciones te busquen, confiando en encontrar respuestas valiosas para no caer en errores futuros.

Para los creyentes, “vida” es aquella en la cual comenzamos a caminar junto a Dios, hacia el lugar más apropiado para nosotros, para lograr paz y armonía, y esperanzados en un Dios que nos ama y desea lo mejor para sus hijos.


Entrégale a Dios todo lo que no te agrada, lo que te perturba, lo que te impide sentirte feliz y esperanzado en un mañana mejor.

Pídele con fe por tu ser, por tu autoestima, por tu falta de voluntad para iniciar un tratamiento beneficioso para ti.