Nacen de publicaciones no especializadas y ponen en riesgo la salud. Carecen de sustento científico y es difícil obtener con ellas cambios en los hábitos de alimentación”.

Si deseas conseguir un resultado que se extienda en el tiempo, ten presente que todos los tratamientos que te ofrecen resultados mágicos sirven para que tu objetivo se cumpla sólo momentáneamente.

¿Qué significa “dietas mágicas?

 Son aquellas que prometen progresos rápidos y que atentan contra nuestra salud física y psíquica.

Hay quienes eligen esos tratamientos porque se tientan con los resultados aparentemente brillantes que otros han alcanzado, sin advertir que los logros no se sostienen en el tiempo, pues traen un efecto rebote. Se basan únicamente en su deseo de conseguir un brusco descenso de peso y, sin ver las consecuencias que pueden llegar a padecer, los inician por desesperación y luego se frustran.

¿Cuáles pueden ser los riesgos?

Algunos recurren a “pastillas milagrosas”, que contienen diuréticos y permiten eliminar mucho líquido pero no grasas con lo que se bajan kilos bruscamente. Ello trae aparejado un sinnúmero de complicaciones: pérdida de materia magra que son elementos indispensables para la buena salud como minerales importantes como sodio, potasio (indispensable para la función cardíaca), calcio, también debilidad, desgano, mal humor, deterioro físico y un posterior desequilibrio del organismo.

Hay dietas que aseguran el descenso de 10 kilos en 15 días. Atraen a muchísimas personas con un mensaje erróneo. Confunden al no distinguir que los seres humanos no somos iguales: no tenemos las mismas necesidades nutricionales, la misma actividad, la misma edad, el mismo sexo ni la misma talla. Además, tampoco tenemos el mismo peso corporal. Por lo tanto, puede suceder que para llegar a la meta propuesta sigamos un plan nutricional carencial, que no cubra los aportes nutritivos que el organismo necesita para preservar la salud.

Muchas dietas que en un primer momento logran resultados observables carecen de energía y nutrientes suficientes. Con el tiempo no se pueden sostener, debido a que generan mucha ansiedad por las prohibiciones que imponen y provocan enfermedades por carencias, pues un plan reducido en calorías produce acostumbramiento y obliga al organismo a reducir cada vez más el consumo diario de calorías. Estos regímenes carentes en principios nutritivos pueden causar anemia, osteoporosis y otras enfermedades.

Hay muchos métodos de adelgazamientos no saludables que hay que conocer.

Las dietas de Banting, Atkins -la más popular y controvertida-, de la Fuerza Aérea, Félix y Pennington que se caracterizan por disminuir de forma drástica hidratos de carbono (menos de 60 g/día e incluso hasta 6 g/día) y aumentar las cantidades de grasa (a 60 – 80%), manteniendo proteínas entre 15 – 25%, sin considerar restricción para las calorías consumidas. Todas han recibido críticas de la Asociación Americana de Médicos (AMA), por considerarlas peligrosas e inadecuadas.

Si se siguen éste tipo de dietas, se origina toxicidad debido a la producción de cantidades importantes de cuerpos cetónicos (acetona) que aumentan en sangre.

¿Cómo se detectan? A través de la presencia de un examen de orina, utilizando tiras reactivas se pueden apreciar fácilmente la acetonuria.

La acetona se produce también en períodos de ayuno y desaparecen cuando se vuelve a la alimentación equilibrada.

El componente principal de de este tipo de dietas es una restricción severa de la ingesta de carbohidratos (vegetales, papa, arroz, pan, cereales, pastas).

Debido a la carencia de hidratos de carbono son llamadas dietas cetogénicas y a través de la quetosis (proceso que hace nuestro cuerpo cuando deja de comer hidratos de carbono).

El hígado es el encargado de almacenar el glucógeno, polisacárido que se encarga de la reserva energética de nuestro organismo y tiene reservas de 48 a 72 horas. Transcurrido este tiempo, nuestro cuerpo va a buscar el glucógeno almacenado con la grasa y esta se queda en sangre facilitando su eliminación.

Todas estas dietas son elevadas en grasas, y no hay líneas directivas precisas acerca de qué tipo de grasas se deben elegir.

Cuando se busca un método saludable la indicación es no superar el 30 % de grasas y deben ser seleccionadas, priorizando la ingesta de las grasas monoinsaturadas (aceites de oliva, de canola: en crudo y de soja, en las frutas secas: sobre todo el maní, las semillas de sésamo, la palta, las aceitunas, la yema de huevo) y poliinsaturadas: las omega 3 (legumbres: principalmente la soja, las semillas de lino y en las frutas secas. Pescados: sobre todo los azules y mariscos) y las omega 6 (aceites de canola, uva, maíz, oliva y soja: en crudo, en la mayoría de las semillas: fundamentalmente las de sésamo, en los granos y sus derivados y en el germen de trigo y en las nueces).

Además de esto, una pregunta obligada es: ¿qué tan saludable es el proceso de quetosis?

Lo que hace es animar a la persona a continuar realizando la dieta por los efectos rápidos pero ¿qué sucede a largo plazo?

El exceso de proteínas en la alimentación diaria, produce intoxicación por exceso de sustancias tóxicas circulantes en sangre (amoníaco, urea) que hace que el individuo tenga mucho cansancio y son perjudiciales recargan la función renal.

Lo que hacen estos métodos es lograr inapetencia, pero cuando se aparta de ese sistema y se vuelve a incorporar hidratos de carbono reaparece el hambre y la retención de líquidos.

Otros regímenes cabe nombrar las dietas de Hollywood, Mayo (refutada por la Clínica Mayo de EE.UU), Harrop (leche y bananas), entre otras; se caracterizan por un aumento de proteínas, con régimen pobre en hidratos de carbono y lípidos. Aportan entre 800 y 1.000 kcal/día y se aplican por períodos de 10 a 18 días.

Regímenes ricos en carbohidratos, como la dieta macrobiótica (Zen), de Pritikin (carbohidratos no refinados) y dietas en base a arroz, papas y jugos de fruta.

La dieta macrobiótica, en 10 etapas va aumentando los aportes de cereales, verduras y frutas, disminuyendo los nutrientes de origen animal, siendo en las etapas finales prácticamente dietas vegetarianas.

Todas estas dietas pueden ocasionar deficiencias de todo tipo.

Los regímenes que aportan un 34 % de carbohidratos, un 40 % de proteínas y un 26 % de grasas y aporte calórico de 1000 kcal/día (dieta Scardale).

Este médico cardiólogo sugiere un plan a seguir durante 14 días.

Este tipo de dietas obtiene – como las anteriores- resultados momentáneos ya que transcurrido el tiempo establecido, vuelve a ganarse peso.

Otras dietas de menos de 1000 calorías diarias donde, se puede observar descensos rápidos de peso en las primeras dos semanas de tratamiento, aunque luego, en la mayoría de los casos, se comienza a recuperar el peso perdido.

 El odiado “efecto rebote”

El efecto rebote es recuperar los kilos perdidos, volver a engordar y llegar al punto de partido o incluso más. Esto se debe a que algunas dietas muy estrictas provocan carencias importantes de algunos nutrientes, y cuando se acaba la dieta el cuerpo pide “a gritos” todos esos alimentos prohibidos.

Esto se puede evitar, buscando hacer una dieta que no sea estricta, equilibrada, que tenga todos los principios nutritivos que necesita el organismo para preservar la salud física y psíquica y recordar que una etapa fundamental es el mantenimiento y los cuidados a tener en cuenta, mantener la modificación de los hábitos saludables, ya sea alimentarios y la modificación del estilo de vida.