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Bajar de peso

Dietas de primavera

Por Alicia Crocco / Especial para Buena Vida

Sobre todo en esta época, asoman por todos lados dietas que prometen bajar de peso centrándose en algunas pautas que lejos están de lo que necesita el organismo. Sus riesgos.

A un paso de la primavera, más de lo mismo, una serie de dietas “mágicas” que se promocionan y abonan la ilusión de bajar esos kilos de más que tanto desagradan.

Las dietas “mágicas” son las que prometen progresos rápidos, pero atentan contra la salud física y psíquica.

Nacen de publicaciones no especializadas, carecen de sustento científico y es difícil obtener con ellas cambios en los hábitos de alimentación.

Si se desea conseguir un resultado que se extienda en el tiempo, hay que tener presente que todos los tratamientos que  ofrecen resultados “mágicos” (esto es, rápidos y muy marcados) sirven para que el objetivo se cumpla sólo momentáneamente.

Se las elige porque tientan con logros aparentemente brillantes que otros han alcanzado, sin advertir que esos logros no se sostienen en el tiempo, pues traen un efecto rebote y, con él, frustración.

Complicaciones
Una variante que a veces se elige es recurrir a “pastillas milagrosas”, que contienen diuréticos y permiten eliminar mucho líquido, lo que provoca un descenso drástico de peso, pero no elimina grasas.

Ello trae aparejado un sinnúmero de complicaciones: además de agua, se pierde materia magra constituida por elementos imprescindibles para la buena salud, como minerales importantes -sodio, potasio (indispensable para la función cardíaca), calcio-; también genera debilidad, desgano, malhumor, deterioro físico y un posterior desequilibrio del organismo.

Volviendo a las dietas, hay algunas que aseguran el descenso de diez kilos en quince días o en un mes.

Un dato básico para darse cuenta del problema: los seres humanos no somos iguales, no tenemos las mismas necesidades nutricionales, la misma actividad, la misma edad, el mismo sexo ni la misma talla.

Además, tampoco tenemos el mismo peso corporal. Por lo tanto, puede suceder que para llegar a la meta propuesta sigamos un plan nutricional carencial, que no cubra los aportes nutritivos que nuestro organismo necesita para preservar la salud.
Muchas dietas que en un primer momento logran resultados observables carecen de energía y nutrientes suficientes.

Con el tiempo, no se pueden sostener, ya que generan ansiedad por las prohibiciones que imponen y provocan enfermedades por carencias. Sucede que un plan reducido en calorías produce acostumbramiento y obliga al organismo a reducir cada vez más el consumo diario de calorías.

Estos regímenes privados de principios nutritivos pueden causar anemia, osteoporosis, afecciones cardiovasculares, entre otras.

Las dietas de Banting, Atkins -la más popular y controvertida-, de la Fuerza Aérea, Félix y Pennington se caracterizan por disminuir de forma drástica los hidratos de carbono (a menos de 60 g por día e incluso a 6 g por día) y aumentar las cantidades de grasa (a 60-80%), manteniendo las proteínas entre el 15 y el 25%, sin considerar restricción para las calorías consumidas.

Todas han recibido críticas de la Asociación Americana de Médicos (AMA), por peligrosas e inadecuadas.

Si se sigue este tipo de dietas, se origina toxicidad debido al aumento en sangre de cuerpos cetónicos (acetona). De ahí que se las denomine dietas cetogénicas.

Esos cuerpos cetónicos se detectan a través de un examen de orina; utilizando tiras reactivas se puede apreciar fácilmente la acetonuria.

La acetona se produce también en períodos de ayuno y desaparece cuando se vuelve a la alimentación equilibrada.

Todas estas dietas son elevadas en grasas, y no hay líneas directivas precisas acerca de qué tipos de grasas se deben elegir.

Cuáles elegir
Cuando se busca un método saludable, la indicación es no superar el 30% de grasas, que deben ser seleccionadas, dando prioridad a la ingesta de las grasas monoinsaturadas (aceites de oliva, canola y soja, en crudo; frutas secas -sobre todo, maní-; semillas de sésamo; palta; aceitunas; yema de huevo) y poliinsaturadas: las omega 3 (legumbres -principalmente la soja-, semillas de lino y frutas secas; pescados -sobre todo los azules- y mariscos) y las omega 6 (aceites de canola, uva, maíz, oliva y soja, en crudo; la mayoría de las semillas -fundamentalmente las de sésamo-, granos y sus derivados; germen de trigo; nueces).

La cetosis
Como dijimos, el rasgo principal de este tipo de dietas es una restricción severa de la ingesta de carbohidratos (vegetales, papa, arroz, pan, cereales, pastas).

Debido a esta carencia de hidratos de carbono, se produce el proceso denominado cetosis o quetosis: el hígado es el encargado de almacenar el glucógeno, polisacárido que se encarga de la reserva energética de nuestro organismo, y tiene previsión para entre 48 y 72 horas.

Transcurrido este tiempo, el cuerpo va a buscar el glucógeno almacenado en la grasa y ésta se queda en sangre facilitando su eliminación.

Una pregunta obligada es: ¿qué tan saludable es el proceso de cetosis?

Lo que hace una dieta de este tipo es animar a la persona a continuar realizándola por los efectos rápidos, pero ¿qué sucede a largo plazo?

El exceso de proteínas en la alimentación diaria produce intoxicación por abuso  de sustancias tóxicas circulantes en sangre (amoníaco, urea), lo que genera que el individuo sienta gran cansancio; también se recarga la función renal.

Las dietas “mágicas” logran generar inapetencia, pero, cuando la persona se aparta de ese sistema y vuelve a incorporar hidratos de carbono, reaparecen el hambre y la retención de líquidos.

Otros regímenes son las dietas de Hollywood, Mayo (refutada por la Clínica Mayo de EE. UU.) y Harrop (leche y bananas), entre otras.

Se caracterizan por un aumento de proteínas, con régimen pobre en hidratos de carbono y lípidos. Aportan entre 800 y 1000 kcal por día y se aplican por períodos de 10 a 18 días.

Están también los regímenes que prevén un 34% de carbohidratos, un 40% de proteínas y un 26% de grasas, y un aporte calórico de 1000 kcal por día, por ejemplo, la dieta Scardale, que sugiere seguir un plan durante 14 días.

Este tipo de dietas obtiene -como las anteriores- resultados momentáneos, ya que, transcurrido el tiempo establecido, vuelve a ganarse peso.

En otras dietas de menos de 1000 calorías diarias, se pueden observar descensos rápidos de peso en las primeras dos semanas de tratamiento, aunque luego, en la mayoría de los casos, se comienza a recuperar el peso perdido.

Por eso, para adelgazar y preservar la salud, hay que seguir un PLAN ALIMENTARIO SALUDABLE que contemple todos los aspectos del individuo, que eduque y que provea saciedad para que el resultado perdure en el tiempo.

http://www.clarin.com/buena-vida/nutricion/Dietas-primavera-magia_0_769723225.html