Enriquecer la dieta con alimentos ricos en calcio como, por ejemplo, espinacas, nueces, sardinas, atún o salmón y tomar el sol de manera regular, pero no abusiva, ayuda a afrontar la intolerancia a la lactosa, una enfermedad de la que no es fácil conocer la incidencia real sobre la población debido a que los síntomas suelen ser confundidos con otras enfermedades digestivas y a que “muchas” personas autogestionan su intolerancia sin acudir al médico.

Esta patología, según ha informado el asesor médico de Laboratorios Cinfa, González Zorzano, surgen cuando el organismo no produce suficiente cantidad de lactasa, la enzima responsable de descomponer la lactosa en otros azúcares más simples y sencillos de absorber por el intestino. Los síntomas suelen ser dolor e hinchazón abdominal, diarrea, flatulencias, retorcijones, vómitos o náuseas.

Ahora bien, la intolerancia a la lactosa viene determinada frecuentemente por la genética, y está relacionada con la zona geográfica. Además, durante la infancia el organismo tiene una alta actividad de producción de lactasa, pero tras el destete y a medida que crecemos, disminuyen los niveles de esta enzima. Por ello, según ha informado el experto, algunas personas, en función de su nivel de sensibilidad, comienzan a sufrir dicha sintomatología al ingerir alimentos con lactosa.

Frente a este problema, en ocasiones se recomienda la exclusión de la lactosa de la dieta, pero siempre de acuerdo al grado de intolerancia del paciente. “Los lácteos constituyen una importante fuente de calcio, necesario para la salud los huesos, y también de algunas vitaminas, proteínas y ácidos grasos que facilitan el crecimiento en niños y adolescentes. Por eso, si la intolerancia no es muy fuerte, puede no ser conveniente eliminar del todo los lácteos. Y en caso de tener que hacerlo, para evitar el déficit de esos nutrientes, es imprescindible enriquecer la dieta con otros alimentos ricos en calcio y otros nutrientes”, ha apostillado González Zorzano.

Por todo ello, el experto ha recomendado acudir a un especialista para que realice el diagnóstico y, por tanto, descarte otros problemas digestivos; conocer que hay alimentos que incorporan lactosa como, por ejemplo, salchichas, patés, helados, cereales enriquecidos, sopas instantáneas o comidas preparadas; leer las etiquetas de los envasados; ingerir otras fuentes o complementos de calcio y nutrientes en la alimentación; y beber leche que no contenga lactosa.

Además, ha aconsejado cocinar y “experimentar” recetas libres de lactosa; prestar atención a los medicamentos, ya que el 20 por ciento contienen lactosa como excipiente; y utilizar soluciones nutricionales con lactasa en cápsulas o tabletas masticables, de venta en farmacia, para facilitar la digestión en personas intolerables a la lactosa.

Fuente: Europa Press

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