Si pensamos en una alimentación vegana en la cual no hay consumo de lácteos, la ingesta total de calcio puede verse afectada en forma importante. En la alimentación vegana las fuentes de calcio son vegetales, lo que implica además una menor absorción en comparación a las fuentes lácteas. Además, el estatus de vitamina D ha mostrado estar comprometido en veganos con baja exposición solar. Algunos estudios sugieren que la densidad ósea es menor en personas que realizan una alimentación veganas en
comparación con los no vegetarianos; sin embargo, hay limitada evidencia científica para sugerir que la densidad mineral ósea difiere entre los ovolactovegetariano y los no
vegetarianos.
Una alta ingesta de proteínas, y particularmente proteínas de origen animal, se asocia a una mayor excreción de calcio, lo que aumenta las necesidades de este mineral. Se cree que este efecto se debe al aumento de la carga ácida del metabolismo de los aminoácidos azufrados. Si bien los cereales contienen también una cantidad importante de estos aminoácidos, hay estudios que indican que dietas ricas en proteínas de origen animal y bajas en proteínas de origen vegetal presentan una mayor pérdida ósea y un incremento en el riesgo de fracturas de cadera.

Fuente: Curso posgrado en Vegetarianismo. Nutrinfo

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