El Vino: ¿Tomar o no tomar para la prevención de las enfermedades cardiovasculares?

Las enfermedades cardiovasculares ocupan el primer lugar como causa de
muerte en el mundo occidental. Existen diferencias en su prevalencia y mortalidad
entre diferentes países del mundo. Aún dentro de Europa se han distinguido
países con mayor o menor presencia de enfermedad y mortalidad asociadas. Las
guías europeas de prevención marcan diferentes probabilidades de riesgo según
el país involucrado.

Hace ya muchos años que se habla de la paradoja francesa. La mortalidad
por enfermedad coronaria en Francia es, aproximadamente, un 50 % menor
comparada con otros países europeos y con los Estados Unidos de América.
Se ha relacionado este evento con el consumo de vino. Recientes
metaanálisis han descrito una reducción de riesgo del 44 % entre los bebedores
de 150 a 300 ml/día con relación a los no bebedores.
Las curvas de mortalidad descriptas son en forma de J ó U, es decir que
bajas dosis de bebidas generan reducción de mortalidad con respecto a los no
bebedores, pero al aumentar la dosis la mortalidad se incrementa.
Las evidencias epidemiológicas trataron de explicarse en base a diferentes
investigaciones in vitro y en animales. Varios compuestos del vino tinto
demostraron reducción de la trombosis venosa y de prótesis aórticas en ratas.
Este efecto fue bloqueado por la acción de un inhibidor de la óxido nítrico
sintetasa, por lo que se deduce que la acción puede atribuirse a la mayor
liberación de óxido nítrico endotelial.

Estudios en ratones transgénicos demostraron la acción de flavonoides del
vino tinto contra la oxidación de LDL-C en lesiones ateroescleróticas.
Los antioxidantes polifenólicos, como resveratrol y proantocianidas, proveen
protección por efecto antioxidante, mientras los componentes alcohólicos generan
una adaptación del corazón al estrés oxidativo. Se han demostrado efectos
antiapoptóticos que resultaron en reducciones de tamaño de infarto y de apaptosis
de cardiomiocitos.

El más notable efecto del vino en la protección de la enfermedad
cardiovascular corresponde a la reducción del daño oxidativo a las lipoproteínas
plasmáticas.

El vino tomado con los alimentos generaría un efecto protector al minimizar
el aumento posprandial de lípidos hidroperoxidados. Entre los antioxidantes del
vino que actúan en este sentido, las procianidinas son las más importantes y
actuarían en la prevención de la oxidación de alimentos en el tubo digestivo y en la
inhibición de los depósitos lipídicos en las células espumosas.
Estudios con células endoteliales humanas y monocitos, demostraron que
el resveratrol y la quercetina, encontrados en uvas y vino tinto, disminuyen la
aparición del factor tisular, receptor celular que juega un papel primario en la
homeóstasis que sigue a la injuria endotelial y en la patogénesis de la
ateroesclerosis.

También pudo demostrarse que los componentes no alcohólicos del vino
tinto, inhiben la activación del receptor beta del factor de crecimiento derivado de
las plaquetas e incrementa la expresión de la óxido nítrico sintetasa endotelial
humana.
En un estudio sobre 5888 adultos mayores a 65 años(Cardiovascular Health
Study) fue demostrada una relación negativa con la ateroesclerosis carotídea
entre los bebedores de 1 a 6 vasos por semana de vino con respecto a los
tomadores de 14 ó más vasos por semana, en quienes la asociación fue positiva.

¿Sólo el vino genera protección?
Un estudio realizado en 38077 hombres profesionales de la salud,
concluyó que el consumo de bebidas alcohólicas (sin distinción entre vino, cerveza
o licores) generaba una reducción del 32 % en el riesgo de infarto en un
seguimiento a 12 años.

Un metaanálisis que involucró a más de 200.000 personas mostró una
relación inversa entre el consumo leve a moderado de vino y el riesgo vascular.
Una asociación similar, aunque menos aparente, apareció en los bebedores de
cerveza. Sin embargo, no pudo encontrarse una relación entre la “dosis” de
cerveza y tal protección.

Conclusiones y opiniones
¿Ante estas evidencias, qué deberíamos recomendar a nuestros pacientes?
No existen, hasta el momento actual, estudios prospectivos, randomizados
y controlados. Tampoco es predecible la mortalidad total a la luz de la mayor parte
de los estudios epidemiológicos a nuestro alcance. Más aún, estos estudios
refieren a sujetos, en su mayor parte, mayores a 50 años.

En edades inferiores las causas de mortalidad pueden ser otras y el consumo de alcohol podría elevarlas (accidentes, violencia, cirrosis hepática).

Una actitud adecuada hacia nuestros pacientes sería estimularlos a tomar menos en los casos de grandes bebedores, no inducirlos a beber si no lo hacen y recomendarles continuar en la misma línea si beben en forma leve a moderada.

En personas jóvenes la recomendación debería ser no consumir bebidas alcohólicas.

El consumo de alcohol debe discutirse en cada caso individual, poniendo en la balanza las características particulares de cada paciente y explicando los riesgos y eventuales beneficios que el consumo de bebidas alcohólicas podría traer.

Ante la elección de una bebida, tal vez el vino tinto, especialmente de la variedad cabernet sauvignon o malbec sería el recomendado. Esto es así por el mayor número de investigaciones realizadas en animales y humanos con este tipo de bebidas. Sin embargo, es posible que otras bebidas alcohólicas generen beneficios, aunque las dosis sean menos conocidas.

Lo más importante, en términos de prevención, es aconsejar a nuestros pacientes sobre estilos de vida saludables, con pautas alimenticias claras y programación de actividad física. Los factores de riesgo deben ser adecuadamente controlados. En ese contexto es posible explicar que el consumo de vino en pequeñas dosis puede contribuir a la  revención.

 

 

Fuente: Dr. Roberto Peidro
Artículo publicado en Boletín de Prevención y
Rehabilitación Cardiovascular. N 1. 2004.

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