Las dietas disociadas no tienen base científica.

Se alejan de lo que implica una alimentación sana y equilibrada.

Autor: Las “DIETAS MILAGROSAS”.

Algunos investigadores proponen clasificarlas en distintos grupos.

Uno de ellos es el de las “dietas disociadas”.

1. ¿En qué consisten las dietas disociadas?

El planteamiento que proponen estas dietas, es separar en los menús los alimentos en función de si tienen muchas proteínas, muchos carbohidratos o muchas grasas, para que no combinemos en el plato diferentes grupos de alimentos.

2. ¿Cuál es su fundamento?

Su teoría es la siguiente: Separar macronutrientes o grupos de alimentos. Esto hará que nuestro metabolismo altere su funcionamiento para que pasemos a quemar más calorías de las que ingerimos.

Esto es falso. Sus promotores recurren a mezclar unas cuantas palabras científicas reales con un buen montón de conceptos inventados.

Es muy probable que buena parte de la población, por falta de conocimientos nutricionales, considere que la teoría (debemos digerir de forma separada determinados nutrientes o grupos de alimentos) tiene sentido.

3. Una dieta disociada, ¿tiene sustento científico?

No lo tiene. El organismo humano es del todo capaz de digerir al mismo tiempo y sin problemas las proteínas, las grasas y los carbohidratos, o de metabolizar de forma correcta un pan con tomate. Como sucede en otras áreas de la vida, en el ámbito académico hay que demostrar que algo funciona antes de implementarlo.

4. ¿Qué se critica de ellas?

Si a los profesionales sanitarios les cuesta conocer la composición nutricional de los alimentos, no menos a la población general. Dicho conocimiento es preciso para seguir esta clase de dietas, ya que se necesita saber si las nueces tienen más proteínas que grasas o si las legumbres presentan un mayor contenido en carbohidratos que en proteínas. Tras el inútil esfuerzo de conocer la composición de todos los alimentos que consumimos, deberíamos planificar nuestros menús; un auténtico juego de malabares (muy pocos alimentos están compuestos de forma exclusiva por un macronutriente), que nos alejará de los consejos que fundamentan una alimentación sana y que nos hará desaprender los hábitos dietéticos saludables que tanto cuesta asimilar.

5. Las dietas disociadas ¿entrañan riesgos?

Sí. Estas dietas se traducen en consumir más proteínas y grasas de lo aconsejado por las autoridades sanitarias, o en ingerir poca energía. No se debe olvidar que una  mala alimentación se esconde detrás de numerosas enfermedades crónicas. Muchas de estas dietas prohíben la fruta después de las comidas, lo que suele reducir la ya de por sí baja ingesta de fruta. Si comiendo poco de algo que protege nuestra salud, consumir todavía menos no un acierto dietético.

Todo ello puede hacer que a largo plazo se resienta el estatus nutricional. La Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD) detalla que estas dietas pueden generar una larga lista de efectos adversos, tales como alteraciones gastrointestinales (estreñimiento, por falta de fibra dietética), malestar general, mareos, intolerancia al frío, sequedad de la piel, fragilidad de las uñas, pérdida de cabellos, mal aliento, descalcificación, daños renales, contracturas musculares, amenorrea (en mujeres), insomnio, ansiedad o elevaciones en los niveles de coelsterol, triglicéridos o ácido úrico.

Fuente: Consumer.es

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