La campaña de este año destaca la importancia de las etiquetas nutricionales para informar a los consumidores sobre el contenido de sodio en las comidas procesadas, una fuente de sal alimenticia cada vez mayor en los países en desarrollo y la principal fuente en los países desarrollados. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) llama a los consumidores a “Parar, observar y elegir la opción con menos sal”. Disminuir el consumo de este componente en la alimentación es el camino más efectivo para prevenir la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares y los ACV.
“La mayoría de las personas no se da cuenta cuánta sal están consumiendo”. “Es importante saber cuánta tiene ya la comida que comemos y, cuando es posible, elegir la opción con menos sodio.

Para hacer eso, necesitamos etiquetas con información nutricional que muestren con claridad el contenido de este componente”.
Consumir más de 5 gramos por día aumenta el riesgo de presión arterial alta, que es el principal factor de riesgo para muerte por ataque cardíaco, un accidente cerebrovascular y falla renal.

En la mayoría de los países de las Américas, la ingesta promedio es significativamente más alta.

El consumo de sal diario es de 12 gramos en Argentina, 11 gramos en Brasil y de 8,5 a 9 gramos en Canadá, Chile y en EEUU.

Para reducir estos promedios, cada vez más países de la región adoptaron estrategias nacionales para disminuir el consumo de sal.  Argentina se convirtió en el segundo país del mundo (después de Sudáfrica) en aprobar una ley integral con este objetivo.

La norma establece una línea de tiempo para que la industria de alimentos procesados reduzca la sal en sus productos, incluya etiquetas nutricionales que adviertan sobre los riesgos de excederse en el consumo de sal, limite el tamaño de los sobrecitos con el ingrediente, y establezca penas por no cumplir con la norma.
El Consorcio para la Reducción de la Sal de la OPS/OMS aprobó el año pasado un plan de acción 2013-2018 que recomienda medidas como campañas de concientización a la población para educar sobre las etiquetas nutricionales, así como negociaciones con la industria alimenticia para que voluntariamente reduzca el contenido de sal de sus productos.

“Para llevar adelante estas acciones se necesita de la colaboración entre los sectores público y privado, con el apoyo de los investigadores científicos, de quienes abogan por los derechos del consumidor, y del público en general”.

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