Una alimentación racional en esta etapa fisiológica de la vida femenina es la mejor ayuda para prevenir alumbramientos prematuros e incluso, problemas ligados al desarrollo del recién nacido, como puede ser la disminución de peso o de talla, menor resistencia a las infecciones, entre otros.

La alimentación durante el embarazo constituye un factor de vital importancia para la correcta formación y crecimiento del bebé.

Numerosos estudios demuestran la relación existente entre la alimentación de la madre durante la gestación y la salud y crecimiento de su niño. Especial relación existe entre la dieta materna y el desarrollo neurológico, por ejemplo: ya vimos que una alimentación deficiente en ácido fólico puede ocasionar defectos en la médula espinal (consulta el capítulo anterior, apartado Nutrición: recomendaciones generales”, subapartado “La importancia del ácido fólico”).

Además, está demostrado que la alimentación también se relaciona con el curso del embarazo; por ejemplo, una alimentación inadecuada puede ocasionar complicaciones como anemia y/o preeclampia (  Se presenta cuando una mujer en embarazo desarrolla hipertensión arterial  y proteínas en la orina después de la semana 20 (finales del segundo trimestre o tercer trimestre) de gestación) y muchos de los desagradables síntomas que se pueden sufrir durante la gestación, tales como fatiga, estreñimiento o calambres, que podrían minimizarse con una alimentación adecuada.

La correcta elección de alimentos también contribuye a evitar un trabajo de parto prematuro, al equilibrio emocional y a la recuperación corporal después de dar a luz.

De ahí que resulte conveniente, si estás embarazada, una alimentación adecuada de acuerdo con el trimestre que estés transitando de embarazo. Eso te lo enseñará un nutricionista.

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