Es probable que en las primeras etapas del tratamiento el resultado de tu esfuerzo se refleje en la balanza, pero que con el transcurso del tiempo surjan situaciones que te lleven a no bajar de peso.

En esos períodos debes seguir adelante con tu plan nutricional y apreciar lo que conseguiste con dedicación, optimismo y paciencia. No te desesperes cuando la balanza te indique que no has bajado. Eso puede obedecer a varios motivos:

  • Que el plan alimentario sea rutinaria. La monotonía provoca aburrimiento y hace que comas en cantidad alimentos que no están indicados en tu plan. Para que la dieta no sea tediosa debes elegir platos variados y, si es necesario, incluso salirte del régimen en una comida semanal. Esto exige que tengas el control de lo que ingieres. Si consideras que no eres capaz de dominarte, si percibes que el probar algo que te agrada te impulsa a seguir comiéndolo sin límite, evita su consumo. Acepta tus propias debilidades; si continúas por tu camino, un desliz no será sinónimo de fracaso.
  • Que no midas correctamente las cantidades. Es importante que tanto al comienzo como en las etapas posteriores ajustes tu ingesta a las cantidades permitidas. Recuerda que no es imprescindible disponer de una balanza de precisión; en el esquema básico de tu plan de alimentación figuran las equivalencias que simplifican la tarea. Presta atención a todos los cambios que introduzcas por cuenta propia; aunque a veces resulten prácticos, pueden volverse en contra y hacer que no bajes lo previsto, que te estanques o que aumentes de peso.
  • Que saltees comidas. Considerar que esa modalidad te ayudará a bajar con más facilidad es un concepto erróneo. Como consecuencia se incrementará tu ansiedad; eso te conducirá a la mala elección de alimentos y al aumento de cantidades, y tu evolución se verá perjudicada. Ten presente que cuando el volumen de la ingesta es superior al que el metabolismo puede degradar, el exceso se transforma en grasas dentro del organismo. El fraccionamiento es necesario para que se produzca un desgaste energético en cada proceso digestivo.
  • Que te apartes con frecuencia de tu plan nutricional. No olvides que en las primeras etapas, en particular si tienes un sobrepeso importante, el resultado será significativo aunque no cumplas estrictamente con el plan. Puede suceder que esto te aliente a seguir transgrediendo, pero cuando hayas perdido kilos será difícil que bajes si continúas con los excesos y no respetas los volúmenes permitidos. A medida que vayas acercándote al peso saludable bajarás con mayor lentitud; por lo tanto, tendrás que respetar más que nunca las cantidades permitidas y tener muy en cuenta que picotear a deshoras obstaculiza el tratamiento. Lleva un registro diario de lo que comes; así podrás visualizar posibles errores e implementar cambios.
  • Que haya una sobreexigencia con respecto a los resultados. Si una semana no bajas de peso, no te desanimes y sigue con el plan. Valora lo que lograste, purifica tu mente de pensamientos pesimistas que te impidan continuar. No interrumpas el esfuerzo para alcanzar el resultado que anhelas. Come despacio, saborea y, si cumples con la tarea de cuidarte, disfruta sin sentir culpa.
  • Que dejes de lado la actividad física. Uno de los principales motivos de estancamiento, sobre todo cuando se está llegando al peso saludable, es el abandono del eslabón que conecta los elementos que integran el tratamiento: el ejercicio. No olvides que es muy importante, que el plan nutricional solo no basta. Practica algún deporte que te agrade. No recaigas en el sedentarismo.
  • Que te hagas trampa con pensamientos negativos. Si en una reunión no respetaste el plan nutricional, no sigas al día siguiente con el pensamiento fijo de comer desaforadamente. Si pasas todo un día sin controlar lo que comes, no bajarás o aumentarás de peso y como consecuencia llegarás al desaliento y a un posterior abandono de la meta.
  • Que esperes el apoyo incondicional de tu familia. Es probable que luego de varios meses de tratamiento, y al ver resultados exitosos, las personas que te rodean ya no te alienten tanto como en las primeras etapas y lleven al hogar alimentos apetitosos con muchas calorías. Si los comes y no asumes tu error, te engañarás pensando que los demás tiene la culpa de que te hayas tentado y no hayas podido controlar la situación. No hagas recaer tu responsabilidad sobre otros. Tú eres quien está en tratamiento; sabes cuáles son las cosas que alejan de la meta, que te traen frustración por no poder enfrentarlas.

No niegues tu realidad

En lugar de tomar la decisión de abandonar de tu plan nutricional, recapacita. Los resultados dependen exclusivamente de ti.

Declarar que no tienes tiempo para efectuar alguna actividad física o que te tientas con frecuencia es buscar pretextos; admítelo.

Si quieres seguir bajando de peso, aprende a decir “no” al exceso en las porciones, distingue cuáles son los alimentos que puedes consumir en mayor cantidad y cuáles los que debes ingerir con precaución, incluye la actividad física al planificar tu jornada.

No te obsesiones con la idea de que por haberte alimentado mal un día has malogrado todo. Si transgrediste ayer, retoma hoy el plan adecuado; no esperes a mañana. La única manera de poner orden en tu vida es volver a la dieta.

En todas las etapas en que no obtengas los resultados esperados, medita sobre los logros que hasta entonces alcanzaste; eso te servirá de estímulo. No bajes brazos… Persevera para que los efectos positivos del tratamiento se prolonguen en el tiempo.

Negar tu realidad no te sirve. Lucha para superar tus trabas… El momento para enfrentarte con tus errores y mejorar aspectos de tu vida que entorpecen tu marcha es siempre.